martes, 8 de noviembre de 2011

El ganador ¿de qué?


Un equipo de expertos  ha trabajado para “El País” analizando  los discursos de los candidatos a la presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba en el cara a cara televisado. Los datos recogidos son los siguientes: en el empleo de palabras ambos han estado empatados, Rajoy ha utilizado 8.845 y Rubalcaba 8.836. En cuanto a la expresión de opiniones y juicios de valor ocuparon en el discurso de Rubalcaba  un 48,1% y en el de Rajoy un  46’4%.

Las conclusiones conceden el triunfo del debate electoral al líder del PP por dos razones: su discurso estuvo mejor construido que el de su opositor y utilizó mucho más datos y estadísticas en su exposición, mientras Rubalcaba, según los expertos, transmitía “debilidad”. Un par de minutos después del debate todos los periódicos, a excepción de “Público”, daban como claro vencedor del debate a Mariano Rajoy achacando  la agresividad de Rubalcaba y su nerviosismo. Me quedé perpleja. O yo había visto un debate distinto al que habían seguido el resto de los mortales o tenía un gran problema de objetividad. ¿Dijo, Rajoy, algo que ya no supiésemos? ¿Explicó las supuestas medidas que van a sacar a España de la crisis y que llevan anunciando desde hace meses?

Rajoy comenzaba su discurso recalcando el lema de su campaña electoral haciendo énfasis en que “lo que se vota el 20N es si se quiere un cambio de rumbo” y para ello propone tres medidas: “Inversión, confianza y decir la verdad”. Como no podía ser de otra manera las cifras del paro aparecen cada dos palabras en su discurso, a lo que Rubalcaba contesta diciendo “que no hace falta que le diga a los parados que están parados, lo que necesitan son medidas”.  Pero yo sigo sin escuchar ninguna. Porque si para ustedes dar confianza y decir la verdad entra dentro de las medidas que nos sacarán de la crisis entonces sí que tenemos un problema de entendimiento.

Rubalcaba hace preguntas, algo que pareció molestar a todos, pero que Rajoy no contestase a ninguna de las preguntas no mosquea a nadie. Justo lo que tenía que hacer Alfredo Pérez Rubalcaba era  jugar sus últimas cartas, y lo hizo. Llegaba al debate con 17 puntos de desventaja que se traduce en 79 escaños de diferencia y para ello utilizó un innegable ambiguo programa electoral del PP lanzando preguntas que Rajoy NO QUISO responder. No es que nos la supiese, es que no LE INTERESABA responder. Y evadiéndose de ellas se pasó todo el debate. Solo le vi aportar sus verdaderas medidas en el ámbito de la educación donde aseguró que el inglés se pondrá desde los 3 años y que se podrá coordinar el trabajo con los estudios y que este cuente en el expediente académico, entre otras. De resto dijo lo de siempre: NADA.

Entre otras perlas del debate, el mantenimiento del recurso en el Constitucional por parte del PP a la ley del matrimonio homosexual, sigue siendo una incógnita así como el del aborto y la eutanasia. Ahora sí, asegura que no tocará las pensiones, que le importa muchísimo la desigualdad (algo que a Esperanza Aguirre no parece importarle en el mismo grado) y que la educación y la sanidad pública seguirán recibiendo financiación.
En resumen, el ganador del debate lo ha sido porque ha sabido salir airoso de todo aquello que le ha parecido difícil, pero es que ni siquiera esto es nuevo. Siempre lo hace. Para mí todo sigue igual. No he sacada nada en conclusión y me quedo con una frase de Rubalcaba “el programa del PP es tan ambiguo como él”.

lunes, 7 de noviembre de 2011

EL 15M: DEL FERVOR...¿AL OLVIDO?


Nacían el 15 de mayo  en el corazón de Madrid, haciendo de la Puerta del Sol su emblema. Sus gritos revolucionarios bajo frases como “¡que no, que no nos representan!” pronto empezaron a extenderse por el resto de España e, incluso, del mundo entero. Aseguraban no ser antisistemas y rehuían de todos aquellos que pensasen que eran ilusos en busca de una sociedad soñada. Dejaron en jaque a políticos y periodistas en plena campaña electoral,  y también a analistas y sociólogos que recibieron la protesta como una sorpresa que no encajaba dentro de una sociedad que puede cambiar. Seis meses después los “indignados” vuelven a Sol pidiendo una reforma de la ley electoral y el voto en blanco en las elecciones del 20 de noviembre, saltándose las prohibiciones necesarias, y preguntándose por la pérdida de apoyo. Es exactamente el mismo movimiento que sacó a la calle a miles de ciudadanos en las elecciones autonómicas de mayo pero, ahora, la falta de apoyo es clara y contundente ¿qué ha cambiado en el 15M?
 El fervor que provocó el movimiento en sus comienzos ha ido disminuyendo con el paso de los meses y sobre todo no se deja notar en una campaña que mantiene en vilo a España entera. El movimiento no ha cambiado ni estructural ni ideológicamente así que la pérdida de impacto en la sociedad puede deberse a otras causas:
Fin del bipartidismo. Uno de los objetivos del movimiento era acabar con el bipartidismo asfixiante que no dejaba resoplar a otras fuerzas minoritarias. Si la encuesta del CIS es una aproximación a la realidad, lo cierto es que habremos pasado de ese bipartidismo entre PSOE y PP a un monopartidismo no menos asfixiante.
Ni para ti, ni para mí. Los “indignados” piden el voto en blanco, a diferencia de las pasadas elecciones autonómicas donde pedían el apoyo a partidos minoritarios. A pesar de que aseguran que no tienen acercamiento a ningún partido político, todo sabemos que es un movimiento básicamente de izquierda y que sus votos en blanco sólo favorecen a un partido.
Asambleas con turno de palabra. El movimiento 15M sigue siendo eso, un movimiento fraguado en las redes sociales y que se ha metido directo en los libros de Historia. Dejando a un lado la idealización de ser totalmente apolíticos, deberían haberse formado como partido y haber presentado su programa electoral expuesto al voto.
Reivindicaciones sin hechos. Les falta determinación. Aquellos que estaban totalmente de acuerdo con los principios del movimiento necesitan bases en las que apoyarse. La teoría es importante pero la práctica refuerza los cimientos.
Teniendo en cuenta estos cuatro factores, la falta de evolución en el movimiento ha hecho que los ciudadanos lo cuenten como algo más de la sociedad al que ya no se detienen a escuchar.

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