miércoles, 30 de noviembre de 2011

El Valle de los Caídos, de la represión a la reconciliación



En 1940, un año después del fin de la Guerra Civil,  el General Francisco Franco ordena la construcción del Valle de los Caídos en la Sierra de Guadarrama, a 9,5 Kms del Monasterio del Escorial.
Perpetuar la memoria de los caídos de nuestra gloriosa Cruzada. Los heroicos sacrificios que la Victoria encierra y la trascendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya, no pueden quedar perpetuados por los sencillos monumentos con los que suelen conmemorarse en villas y ciudades los hechos salientes de nuestra historia y los episodios gloriosos de sus hijos.” Con estas palabras Franco excusaba la construcción de  un monumento para su regocijo iniciando su perpetuo recuerdo de vencedores y vencidos y de dos Españas que jamás volverían a ser lo mismo.
Con los resto de Franco descansado en paz eterna,  nos convertimos en el único país europeo que aún honra los huesos de un dictador contemporáneo en una tumba ciclópea patrocinada por el Estado. Y como nunca deja de sorprender, la Iglesia Católica, bajo palabras de Juan XXIII, vuelve a hacer un guiño a poderes absolutistas que bailan al son de sus aguas  y  declaró en 1960 Basílica Menor a la iglesia de la Santa Cruz.

Durante la primera legislatura del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero dentro de las acciones relacionadas con la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica se planteó el destino futuro del Valle de los Caídos. Diversos partidos políticos plantearon usar dicho monumento como recuerdo a la actuación del bando franquista durante la Guerra Civil y a la dictadura de España, en la que se recuerde que fue construida por prisioneros políticos. Esa propuesta fue rechazada por algunos partidos políticos españoles, así como por la Iglesia Católica, porque afirman que el monumento es ante todo un templo, no un museo, que acoge los restos de muertos de ambos bandos de la guerra.

Tras la aprobación del proyecto de Ley de Memoria Histórica, entre sus objetivos, entra  la honra de la memoria de todos los caídos en la Guerra Civil y en la posterior represión política. Además en ningún lugar del recinto podrán llevarse a cabo actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas o del franquismo.

Ayer, La comisión de expertos designada por el Gobierno para redefinir el Valle de los Caídos emitió su informe. El punto más llamativo es, sin duda, la recomendación de retirar del complejo los restos del dictador Franco, con el argumento de que él no fue uno de los caídos en la Guerra Civil y de que su presencia dificultaría el propósito de convertir la edificación en un memorial para todas las víctimas allí enterradas, muchas de ellas republicanas. Pero aunque parezca mentira, en esta España, aún sobrevuela el espíritu del caudillo. Para hacer ese traslado hay que contar con la autorización de la Iglesia ¿Pagan acaso el IBI los frailes benedictinos que rezan por el alma del tirano? ¿Pagará Rouco Varela las reparaciones que los expertos señalan como imprescindibles para que el faraónico engendro no se venga abajo?
En definitiva, el informe propone la creación de un “centro de interpretación” de lo ocurrido. Pero ¿quiénes lo integrarán? ¿Qué historia contarán? Y sobre todo,  ¿asumirán el PP y la Iglesia la recomendación de retirar los restos de Franco?

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